En el debate cotidiano sobre bañarse a la mañana o antes de dormir, la “ducha diaria” adquiere un rol fundamental para quienes buscan mantener una higiene adecuada sin sacrificar comodidad. Ya sea que preferís empezar el día renovado o acostarte sintiéndote fresco, es clave comprender cómo influyen factores como la acumulación de microbios en la piel y el uso de sábanas limpias en la experiencia de aseo.
Factores clave para tu aseo
La elección de ducharte cuando te levantas o al final de la jornada muchas veces se relaciona con la calidad del descanso: algunos eligen la noche para irse a la cama con sensación de limpieza, pero, como afirma un especialista, “Aun si se ducha antes de dormir, por la mañana habrá depositado microorganismos en las sábanas”.
Por otro lado, si el hábito es ducharse al comenzar el día, se eliminan posibles residuos e impurezas acumuladas en la noche, algo que puede brindar una sensación de frescura inmediata. Aun así, no conviene descuidar la frecuencia con la que se cambian las sábanas, ya que mantenerlas limpias es tan importante como el propio baño para prevenir gérmenes innecesarios.
El estilo de vida de cada persona influye en cuánto y cuándo conviene bañarse: el ejercicio, la exposición a actividades al aire libre o la manera de dormir determinan cuándo se vuelve imprescindible una buena dosis de agua y jabón. No obstante, también es recomendable considerar la humedad y el clima, especialmente en lugares cálidos, para evaluar cuántas veces a la semana conviene una rutina más exhaustiva. Lo esencial es encontrar el equilibrio correcto y prestar atención a las señales del cuerpo: un cambio de aspecto o un exceso de sudor, por ejemplo, indican que quizá un enjuague adicional sea ideal.

Comunicadora y amante del true crime, Locutora/conductora en «Kaos En La Mañana».

