Desde su invención en el siglo XV, el tarot ha sido mucho más que un juego de naipes. La última reinvención de su particular baraja es obra de Guido Barna, director de arte e ilustrador digital, que rediseñó los 22 arcanos mayores con algunas de las figuras más emblemáticas del rock y la música popular argentina.
El artista visual está publicando la colección de arcanos musicales a través de sus redes sociales y reveló que desde hacía tiempo trabajaba con el universo visual del tarot y que llegó a esta idea luego de que le encargaran una ilustración de Pity Álvarez.
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“Yo venía haciendo algunas cosas con el tarot, pero antes me dedicaba más que nada a la ilustración tipo cómic retro. Había estado trabajando en una serie de tarot en esa tesitura. Un cliente, con el que ya había hecho un par de cosas, me pidió un dibujo de Pity Álvarez y me comentó que le gustaba lo que yo venía haciendo con el tarot”, en diálogo con Rolling Stone.
«Me puse a investigar si había un tarot de Argentina y no encontré nada. Entonces decidí probar: le hice un boceto a lápiz y se lo mandé. Me dijo que estaba buenísimo, pero que no era lo que buscaba. Como a mí me gustó y le vi potencial, lo subí a mi cuenta de Instagram y le fue súper bien para lo que era mi perfil en ese entonces. Ahí me animé a seguir”, expresó.
En esta colección podemos encontrar caricaturas de diversos artistas que están relacionados con las diferentes cartas de los arcanos mayores, que llevan una inscripción que simboliza una suerte de lección vital.
Así, Charly García es “El Loco”, Skay Beilinson es “La Templanza”, Vicentico está representado como “La Fuerza”, La Renga aparece en la carta de “La Muerte” (haciendo referencia a uno de sus más grandes hits), Pappo es “El Carro” y Luis Alberto Spinetta quedó bautizado “El Sumo Pontífice” (ya que es considerado uno de los padres de nuestro rock).
Además, Gustavo Cerati es “El Sol”, Luca Prodan aparece como “El Colgado” (una referencia al espíritu del músico), María Gabriela Epumer es “La Emperatriz” y Ricky Espinosa es “El Diablo”, entre otros.
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Quien tiene un lugar fundamental a pesar de no pertenecer estrictamente al rock es Mercedes Sosa, a quien Barna ubicó en la carta de «La Sacerdotisa». El artista explicó los motivos:
“La sacerdotisa, en el tarot, representa a quien no pertenece del todo al mundo, pero es quien mejor lo entiende. Un seguidor me hizo esa observación después de que yo ya había hecho a Mercedes Sosa. Si bien ella no es rock, en los libros es la más rockera de la historia: tocó con todos, y su estilo de vida era súper rockero y rebelde. Me parecía que estaba buenísimo hacerle un lugar en este conjunto”.
El vínculo de Guido con el tarot no nació a través de los naipes tradicionales, sino del videojuego The Binding of Isaac (2011). “Entre los ítems que podés agarrar hay cartitas de tarot y cada una te da un efecto vinculado a la carta(…)”.

Guido ya tenía diseñados los 22 arcanos mayores y se estaba embarcando en otros proyectos —como el de figuras del rock internacional— cuando se viralizó aquella emblemática foto del Indio Solari en el jardín de su casa en Parque Leloir. Un seguidor le sugirió que hiciera la carta de “El Ermitaño”. Explica Barna: “Me da cosa atribuirme la idea porque no siento que la haya craneado, ni tampoco había sacado yo la foto. Cuando subí la publicación le di el crédito a todas las personas correspondientes, porque de eso se trata también: de crear una comunidad copada donde la gente esté atenta y te pase buena data”.
El estilo de Guido es ecléctico, y buena parte de su obra anterior estaba relacionada con los cómics de los años 60 y 70, especialmente con el estilo de Marvel. “Dibujar de manera recreativa es algo que hago desde toda la vida, aunque hubo años en los que no le metí tanto. Soy director de arte publicitario; trabajé unos diez años en publicidad, me fui a México y al volver entendí que no me sentía cómodo con esa industria, así que empecé a trabajar freelance en diseño gráfico y, de a poquito, a explotar más lo artístico(…)”.
Hoy, Guido está sorprendido por el vuelo inesperado que tomaron sus obras: “Yo quería ser tatuador, pero lo pospuse, y de repente descubro que llegué a esa meta de manera indirecta. Hay un montón de gente que se tatúa mis obras, porque les representan tanto que deciden llevarlas en la piel para toda su existencia. Me parece el ápice de lo que uno busca como ilustrador: acompañar a la gente en el resto de su vida con una obra tuya”, celebra.
Su filosofía no es comercial: “Apunto a que mi obra pueda llegar a la mayor cantidad de gente posible a través de los productos que ofrezco. Si te gusta determinado arcano, te podés comprar una lámina por un par de pesos o una remera a un precio razonable. No quiero ser elitista con el merchandising, porque iría en contra de la filosofía del rock y de figuras como Rocambole. Trato de ser cuidadoso para no zarparme y mantenerme cerca de la realidad de la gente, que es la que lo pone a uno en el lugar donde está”.

