El 17 de julio se conmemora el Día Mundial del Emoji, una fecha que pone en relieve la importancia de estos símbolos en la comunicación contemporánea. Desde su aparición en los años 90 hasta su consolidación como parte integral del lenguaje digital, los emojis han trascendido fronteras culturales y lingüísticas.
La fecha no es arbitraria: surge porque el emoji del calendario, en la mayoría de los dispositivos, muestra precisamente un 17 de julio. Esta celebración no solo destaca su evolución tecnológica, sino también su capacidad para transmitir emociones, ideas y matices que las palabras no siempre logran expresar con claridad.
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La iniciativa fue impulsada en 2014 por Jeremy Burge, un especialista en semiótica digital, quien propuso la fecha como una manera de reconocer el papel creciente que estos pequeños íconos tenían en el entorno de las redes sociales y los servicios de mensajería.
Con el tiempo la propuesta se extendió y alcanzó visibilidad internacional. Las plataformas digitales, marcas tecnológicas y usuarios en general adoptaron la celebración como un momento para reflexionar sobre cómo ha cambiado la comunicación humana a raíz del uso masivo de estos elementos visuales.
En la actualidad, el Día Mundial del Emoji es un fenómeno que va más allá del entorno virtual. En distintas ciudades del mundo se organizan actividades culturales, lanzamientos temáticos, campañas educativas y hasta anuncios de nuevos paquetes de íconos que buscan representar de forma más inclusiva la diversidad global.

Historia: la evolución de los emojis
Aunque hoy los emojis forman parte del día a día de millones, su origen se remonta a finales del siglo XX en Japón. Fue el diseñador Shigetaka Kurita quien, en 1999, creó el primer conjunto de pictogramas para una plataforma de mensajería móvil. Estos íconos iniciales estaban pensados para reducir el número de caracteres en los mensajes, al tiempo que ayudaban a transmitir emociones de forma inmediata.
Con la expansión de los teléfonos inteligentes y la globalización de la mensajería digital, los emojis se convirtieron en un lenguaje visual compartido. Su estandarización a través del Consorcio Unicode permitió que fueran reconocidos de forma universal en diferentes dispositivos, lo que contribuyó a su rápida expansión.
Actualmente, existen miles de emojis agrupados en categorías que van desde expresiones faciales y alimentos hasta banderas, símbolos religiosos y objetos cotidianos. Su desarrollo no ha sido estático: cada año se suman nuevos íconos que buscan representar realidades culturales, identidades de género y elementos de inclusión que responden a demandas sociales y tecnológicas.
Un lenguaje digital
En un entorno en el que la inmediatez y la economía del lenguaje son esenciales, estos íconos permiten transmitir estados de ánimo, intenciones y matices que muchas veces se pierden en la escritura plana. Sin embargo uno de los mayores logros del emoji ha sido su capacidad para unir a personas de culturas y lenguas distintas mediante un código visual común. Dando lugar a formas creativas de comunicación que trascienden lo textual.
Su impacto también se ha reflejado en el arte, la moda, la música y la publicidad. Diversas campañas de comunicación han utilizado emojis como elemento central para captar la atención del público joven y transmitir mensajes con mayor cercanía. Asimismo, instituciones educativas y organizaciones sociales han recurrido a ellos con resultados efectivos en términos de alcance e impacto.
Controversias y debates
Con el crecimiento de su uso, los emojis no han estado exentos de cuestionamientos. Uno de los debates más persistentes ha sido el de la representación. Durante años, las opciones disponibles respondían a estándares culturales limitados, lo que generó reclamos por una mayor diversidad racial, de género, orientación sexual, religión y discapacidad.
A partir de estas demandas, los desarrolladores comenzaron a incluir más variantes de tonos de piel, símbolos religiosos y signos asociados a distintas identidades. Las actualizaciones recientes han sumado imágenes relacionadas con movilidad reducida, diversidad familiar y nuevas profesiones, reflejando una mayor sensibilidad frente a la pluralidad social.
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No obstante, la discusión continúa. Algunos sectores piden una mayor participación ciudadana en la elección de nuevos íconos, así como mecanismos más inclusivos para definir qué elementos deben formar parte del universo emoji.
Por otro lado, expertos en lingüística y comunicación digital alertan sobre los riesgos de simplificar demasiado los mensajes, lo que podría dar lugar a malentendidos. Aun así, reconocen que su influencia en la construcción de identidades digitales y vínculos afectivos es indiscutible.

