El 14 de mayo pasado, con la aparición de la primera ballena franca austral en las costas de Las Grutas, marca un hito que año tras año genera expectativas y entusiasmo. Este evento natural señala el inicio de la temporada alta de avistaje de fauna marina, una actividad que no solo atrae a turistas de todo el país y del exterior, sino que también posiciona a la región como un emblema de conservación marina y turismo responsable.
El Golfo San Matías, de aguas profundas, templadas y ricas en nutrientes, es uno de los lugares más favorables de la Argentina para el avistaje de ballenas y otros animales marinos. Cada invierno, y especialmente entre los meses de mayo y octubre, estas aguas se transforman en un verdadero santuario natural donde las ballenas francas australes llegan para reproducirse y criar a sus ballenatos.
La ballena franca austral, es una especie protegida que ha logrado una notable recuperación poblacional tras décadas de caza indiscriminada. Gracias a políticas de conservación, control pesquero y concientización ciudadana, esta especie ha encontrado refugio en varias áreas del Atlántico Sur. Su presencia no solo es un fenómeno espectacular desde el punto de vista turístico, sino que también constituye un indicador de salud del ambiente marino, ya que estos mamíferos requieren condiciones de hábitat específicas para su permanencia y reproducción.
Los operadores turísticos autorizados ofrecen excursiones embarcadas que permiten ver de cerca a las ballenas y a otras especies como lobos marinos, toninas, delfines oscuros y una gran variedad de aves marinas, como petreles, cormoranes y gaviotas. Estas salidas se realizan bajo estrictas normas de seguridad y cuidado ambiental, respetando distancias mínimas para no perturbar el comportamiento natural de los animales. Además, se brindan charlas informativas a los visitantes para garantizar que el avistaje de fauna marina se realice de forma responsable y enriquecedora.
Más allá del valor turístico, la temporada de ballenas impulsa una verdadera cadena económica local. Desde alojamientos y restaurantes hasta guías turísticos, artesanos y productores regionales, todos se ven beneficiados por el flujo constante de visitantes interesados en la naturaleza y las experiencias auténticas. La economía regional se dinamiza, generando empleo directo e indirecto y fomentando un desarrollo más equilibrado y sostenible.
La promoción del turismo de naturaleza no se limita solo al mar. Quienes visitan la región también pueden recorrer paisajes costeros únicos, realizar caminatas guiadas por la zona de acantilados, explorar grutas naturales o participar en actividades culturales que rescatan la identidad local. Esta combinación de recursos naturales y culturales potencia la experiencia del visitante, generando un relato completo e inolvidable. La ballena franca austral es sin duda la protagonista de la temporada, pero el entorno que la rodea multiplica su valor simbólico y paisajístico.
Una buena práctica a destacar es la incorporación de prácticas de accesibilidad en el diseño de los servicios turísticos. Algunas embarcaciones han sido adaptadas para personas con movilidad reducida, y los centros de información turística ofrecen material en braille o lengua de señas.
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Con información de Patagonia Ambiental.

Comunicadora y amante del true crime, Locutora/conductora en «Kaos En La Mañana».

