El paisaje tranquilo de Cañada Rosquín queda marcado por los tangos y boleros de una orquesta familiar y por canzonetas traídas desde Italia. Entre esas voces se abre camino León Gieco, hijo y nieto de inmigrantes y campesinos que hicieron de la música una forma de vivir el día.
Desde aquella partida hacia Buenos Aires a los 18 años. Un tren lo deja en Retiro, con una guitarra y un bolso. Lo espera Horacio ”Droopy” Gianello y lo espera también una ciudad que todavía no sabe cuánto lo va a necesitar.
Los años pasaron y León Gieco no solo es un gran músico, sino un emblema nacional, la voz de muchas voces silenciadas, el sonido de la protesta contra los poderosos y un fiel representante de la Patria Argentina. Sus letras están llenas de poesía, rock, verdad y justicia y entre su extensa discografía podemos encontrar un himno pacifista absoluto su ”Solo le pido a Dios”.
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Gieco, quién se caracteriza por mezclar el sonido del Folklore, con el Rock nacional, con connotaciones sociales y politicas. El primer disco entra en camino en 1973, bajo la producción de un joven Gustavo Santaolalla. Poco después, entre 1974 y 1982 y luego de editar su primer disco, varias de sus canciones terminan censuradas y tuvo que refugiarse en el exhilio debido a la constante censura que habitaba en nuestro país en manos de la dictadura militar.
En sus más de 40 años de carrera artística que comienza en el año 1973 con el álbum León Gieco, ha editado 14 álbumes de estudio con canciones de su autoría, lo que evidencia que es un artista que se toma su tiempo para componer nuevos trabajos, y en donde no se limitó en nada e incursionó en sonidos diferentes devenidos de la cumbia villera, la murga, el pop, el candombe o el heavy metal entre otros.

Raúl Alberto Antonio Gieco, nacido un 20 de noviembre de 1951 le debe su apodo y nombre artístico a un evento cuando iniciaba en el mundo de la música. Donde en una ocasión en la que preparaban los instrumentos para una prueba de sonido, junto a los integrantes de la primer banda que formó ”Los Moscos”, quemó los equipos de amplificación al realizar una incorrecta conexión .
La primera oportunidad vino de la mano del ganador del Oscar, Gustavo Santaolalla y Litto Nebbia quienes le dieron la chance de tocar al comienzo de los espectáculos de artistas más reconocidos.
En 1981 dio un concierto en Buenos Aires acompañado solamente por su guitarra, su armónica, y su charango. Luego grabó Pensar en nada. Ese mismo año comenzó una serie de conciertos independientes a lo largo de 110.000 km, durante 3 años, tocando para un total de 420 000 personas.
En 1985 fue a Moscú para el 12.º Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes junto a Juan Carlos Baglietto y Litto Nebbia en representación de Argentina. Obtuvo el Premio Konex de Platino como Mejor Cantante de Rock.

También dio conciertos en Alemania con su amiga y gran compañera Mercedes Sosa, y al regresar a Argentina luego del excilio dio otra gira por el país en 1986.
Luego de ocho años de gira, y después de haber tocado por toda Europa, en 1989 el disco Semillas del corazón marcó su regreso a los estudios. Este nuevo trabajo tuvo la particularidad de compartir una canción a dúo con uno de los máximos ídolos de América: Sandro. Dicha canción fue grabada en los estudios particulares del ídolo.
Ya venidos los años 90 y tras haber tocado por EE.UU invitado por Pete Seeger, retoma a nuestro país y lanza Mensajes del alma, de donde se desprenden canciones como la misma Mensajes del alma, Cinco siglos igual y la aclamada Los Salieris de Charly que también tuvo éxito en Chile, siendo esta última canción un rap.
En 1997 llega el álbum Orozco, el cual contó con músicos invitados entre los cuales estuvieron Mercedes Sosa, Ricardo Mollo y Gustavo Santaolalla.
Además de tener infinidad de amigos en la música, practicamente tocó con todos a nivel nacional, tambiém fue telonero de Metallica en el año 2010, junto con D-mente; banda con la cual el año 2009 editó Un León D-mente, un disco en el cual él y la banda realizan nuevas versiones de clásicos en un formato de rock pesado.

Actualmente sigue vigente al día de hoy, León es considerado un ícono del rock argentino y es reconocido mundialmente. La ruta artística se extiende sin detenerse. Álbumes, giras, himnos inesperados y el afecto de varias generaciones sostienen una carrera que se volvió parte del paisaje cultural argentino.
Los 74 años encuentran a León Gieco con la misma quietud luminosa de sus comienzos. Una voz que vuelve, insiste y permanece. La canción sigue andando. Y él, también. Para homenajearlo te dejamos su himno ”Solo le pido a Dios” junto a la gran Mercedes Sosa.

Cinéfilo cuando puedo, musico como hobby y si la artrosis me deja sale videojuego!, gustoso del fulbo.

