Unas baterías programadas con sonido ochentoso comienzan el disco que suena con un guiño a Clics modernos de Charly García hasta que aparecen unos teclados purpurinas a lo Tear for Fears. Marilina pide, respira, suplica, “cierren el orto, están locos, por favor no se limiten con los otros”.
Después de tres años de su ultimo trabajo con Mojigata, Marilina Bertoldi volvió al grito de “Para quien trabajas Vol. I“ su nuevo disco de estudio que le da una vuelta de tuerca a su música, con menos musculatura guitarrera, más texturas electrónicas, samples y la misma necesidad de indagar en lo que la afecta, le duele, le gusta y la enoja.
“Para quien trabajas Vol. I“ es una autopregunta. También un reclamo. Pero sobre todo es el interrogante que, en el caso de Bertoldi, catalizó en un proceso creativo y profundamente reflexivo, de encuentro consigo misma. Lo que en los primeros segundos suena como una improvisación lúdica de la artista con su loopera, toma otra dimensión cuando se la contempla interactuando con sus instrumentos.

Marilina construye, con las herramientas justas y necesarias, los cimientos de su propio ágora, donde no reparte respuestas cerradas sino que tensiona las certezas al preguntarse: “¿Quién se beneficia de tu tiempo, de tu fuerza, de tu silencio?”. “Para quien trabajas Vol. I“ no viene a responder esas inquietudes, sino todo lo contrario. Nos sumerge en esa neurosis donde la angustia y la ansiedad conforman la ciénaga profunda que hay que atravesar para llegar a alguna -o tal vez ninguna- respuesta.
Marilina Bertoldi compuso y tocó todos los instrumentos, hizo todos los beats, las programaciones, los samples, interpretó y fue la productora. Lo logró, su máximo anhelo hasta ahora, tocó las perillas de su propio disco. Lo maquetó en su homestudio y luego fue a Los Días Perfectos, el estudio de Mariano Otero, que ofició de ingeniero y, según ella, de facilitador para sus ideas. Por primera vez se pudo sentar detrás de las consolas y proyectar lo que en su cabeza sonaba.
Los adelantos del disco, ‘Autoestima‘ y ‘Por siempre es un lugar‘, ya habían sembrado el terreno. La primera, una descarga de protesta con ritmo de mantra -«me construí sola, no me vendas nada»-, es puro músculo emocional. La segunda es una balada que podría haber nacido en el mismo rincón nocturno que parió a Adore de los Smashing Pumpkins, pero filtrada por una sensibilidad especial, esa misma que ya conocemos de ‘Enterrarte‘ o ‘Amuleto‘.

Hay momentos de delicadeza analógica como ‘Siglos‘, donde se cuela el sonido de una radio vieja buscando sintonía y otros de desgarro sin filtro. ‘Monstruos‘ aborda los lesbicidios en Argentina y habla de odio, habla de destrato, y de la sensación de resquebrajarse cuando todo alrededor está a punto de estallar. Con una crudeza poética que sirve como la estocada final de una obra tan íntima como contundente. La canción transforma el dolor en una suerte de rezo oscuro, en donde cada palabra pesa como piedra y cada silencio grita lo que ya no puede callarse.
Pero como un paréntesis en la realidad, el disco empieza y termina con la voz aniñada de sus sobrinos. Al principio quieren jugar con los botones del teclado, al terminar dicen “no te preocupes, tía, estoy bien, te mando un abrazo”, como si todo lo que pasó en el medio es eso que tenemos que vivir.
Un disco que tuvo que hacerse, que Marilina tuvo que crear, para sacarse de encima el desconcierto, para actuar. Es necesario de ella para decodificar el mensaje. Lo que se sabe: cambió de rumbo, buscó, y algo de ella salió para todos nosotros.
Para cualquier despistado, “Para quien trabajas Vol. I“ podría parecer un disco sumamente luctuoso, pero la realidad es que en el medio de la distorsión, las disonancias y los paneos pendulares, hay detalles luminosos que aparecen en las voces de sus sobrinos, los guiños a las bandas y artistas que admira, y la honestidad con la que encara, quizas podriamos decir que es su proyecto más real y auténtico hasta la fecha.
Escuchá “Para quien trabajas Vol. I“ a continuación o en plataformas.

