Qué sería del cine de terror sin sus bases, son herramientas o recursos que pueden ser llevados hasta sus últimas consecuencias o utilizados como material de parodia, esos lugares del género llevan décadas estableciéndose en nuestro imaginario colectivo.
La puerta que chilla, la música estridente de cada susto, la precipitación del protagonista, el carácter inquietante de cada personaje, juguete y el espacio fisico. Esos cimientos de la versión más clásica del terror con el tiempo pueden crear subgéneros y tambien híbridos con otros, con los que comparte campo y formato artístico y una jerga propia.
Es un género que no para de reinventarse para dar forma a nuestros miedos en todo lo que sea susceptible de hacerte gritar. A medida que el cine de terror se ha ido estableciendo, tambien sus tropos y clichés creando sus propias características esenciales, acuñando una serie de términos asociados que ya se consideran un lenguaje propio que debes conocer.
JUMP SCARE
Es un tipo de susto que supone la culminación de un momento de tensión o la ruptura de esta, dentro de un periodo de aparente calma. Normalmente viene acompañado de un estruendo o un golpe fuerte de la banda sonora. Aprovecha el efecto sorpresa y el impacto que causan en la audiencia los sonidos fuertes. A menudo se considera un recurso perezoso, que, de un tiempo a esta parte, el cine de terror comercial se ha caracterizado por abusar de este, hasta cierto punto, aunque hay muy pocas películas que consigan llegar al final sin utilizarlo alguna vez y en ese equilibrio está la virtud.
Hay jumpscares muy famosos como la escena final de Carrie, dirigida por Brian De Palma que adaptó al cine la novela Carrie, de Stephen King, en 1976 que unos años después inspiró el utilizado en Viernes 13 (1980) para establecer que el villano continuaba vivo.
Pero dejemos en claro que el jumpscare no es únicamente un final sorpresa, porque no, no lo es. La primera vez que se uso este recurso fue en 1925 en la película El fantasma de la ópera de Rupert Julian, en la escena en la que la protagonista le aparta la máscara de la cara, pero el que aparece en El exorcista III es un buen ejemplo.
EL AUTOBÚS DE LEWTON (LEWTON BUS)
Es una variante del jumpscare, pero esta vez inofensivo. Se utiliza para manipular a la audiencia ante un susto que no es como creiamos. Imagina esta escena: la víctima huye, busca un lugar donde esconderse del asesino y entra en una habitación oscura (donde nosotros sospechamos que la espera el asesino). Levanta un bate de béisbol para defenderse y de repente… ¡PUM! Un ruido la sobresalta, pero es solo su gato.
En el Ciudadano Kane (1941) dirigida por Orson Welles, una escena se interrumpe con el súbito grito de una Cacatúa en primer plano. Unos meses después de esta obra maestra del cine, su productor Val Lewton en conjunto con el director Jacques Tourneur y el montador Mark Robson crearían el jumpscare por el cual se medirían el resto de jumpscares en la historia. Ocurre en el largometraje de La mujer pantera o Cat People de 1942 y, aún al día de hoy, es una absoluta obra maestra del horror en pantalla.
Sí bien, hay muchas secuencias parecidas, todas ellas son posteriores. La innovación de La mujer pantera, es un crescendo sostenido hasta desembocar en un falso clímax que acaba resultando en alivio, y fue tan afortunado el recurso que Val Lewton lo aplicó a muchas de sus producciones posteriores, de tal manera, que la técnica fue conocida como el “Autobús de Lewton”. Hace referencia al autobús que usó el productor para sobresaltar a su protagonista en la película Cat People.
SLASHER
El Slasher es un subgénero de terror que se caracteriza por la aparición de un asesino en serie enmascarado que perpetra sus crímenes con un arma blanca (cuchillo en su mayor parte) o similar (una sierra, por ejemplo). El villano suele carecer de backstory y de posibilidad de redención, y sus víctimas a menudo son adolescentes.
A pesar de que es complejo hallar un origen claro, muchas veces se habla de que los inicios del subgénero se remontan a las películas de terror de los años 60, como Psicosis (1960) o Demencia 13 (1963). De todas formas, generalmente se considera a Halloween (1978) como la primera película dentro de esta categoría.
Antes del lanzamiento de la película Halloween de John Carpenter 1978, este término se consideraba un sinónimo de Snuff Movie, que hace referencia a un filme bastante más sangriento y explícito, rozando casi lo ”real”, en el que se asesina a una mujer.
FINAL GIRL
También dentro del subgénero de los slasher, este término se refiere a la última mujer que logra sobrevivir al asesino en serie. Hay gran cantidad de ejemplos de sobra conocidos como Laurie en Halloween (1978) o Sidney en Scream (1996).
Este clasico papel protagonista de los slashers acostumbra a recaer en las figuras femeninas. A este tipo de roles se le denomina popularmente como final girl (chica final) y, entre sus peculiaridades, destaca que es la primera en percibir el peligro de la situación, es el último personaje en pie y tiene valores morales estrictos, rechazando el consumo de drogas y la promiscuidad.
La expresión fue acuñada por la profesora Carol J. Clover en su libro Men, Women, and Chainsaws: Gender in the Modern Horror Film en 1993, en el que afirma que desde 1970, en este tipo de filmes la superviviente última siempre ha sido una mujer.
Además, este personaje cumple una serie de requisitos: ser virgen (o no tener relaciones sexuales durante la película), paranoia centrada en la obsesión con el asesino, y un clímax final en el que o bien es rescatada o se enfrenta por sí misma al villano.
SLOW BURNER (proceso lento)
Slow burner es un término que se utiliza tanto en el cine como tambien en la literatura para describir una historia, una trama o ambas y se desarrolla de forma gradual. En el cine es una expresión utilizada para definir una película de terror que construye el terror apoyándose en la tensión más que en los jumpscares.
Puede referirse a una película que se desarrolla lentamente, sin prisas, centrándose en el proceso de conexión entre los personajes. Como su traducción indica, es una historia que se cuece a fuego lento, con poca acción, se apoya en provocar otro tipo de emociones (anticipación y por los general mal rollo) en cierto modo te acerca al más drama.
De un tiempo a esta parte, este tipo de obras de terror han resurgido para darnos grandes alegrías como Hereditary (Ari Aster, 2018) y La bruja (Robert Eggers, 2015) o la maravillosa Rosemary’s baby (Roman Polanski, 1968).
FOUND FOOTAGE (Metraje encontrado)
Este tropo del terror cinematográfico genero toda una revolución en los noventa a partir de su uso en la popular El proyecto de la bruja de Blair (Eduardo Sánchez, Daniel Myrick, 1999). La intención de usar metraje encontrado es brindarle fuerza o contexto a un argumento, en esos casos el found footage funciona como una cita cinematográfica.
La premisa no era que la película estuviera «basada en hechos reales», sino que se trataba de hechos reales, lo que la hacía aún más aterradora. Se trata de utilizar material grabado de forma amateur por uno de los personajes de la película.
Más tarde fue la franquicia de Paranormal Activity (Oren Peli, 2007) la que aprovechó el tirón, pero es un recurso todavía muy utilizado, y en ocasiones con un fantástico resultado, como ocurre en Sinister (Scott Derrickson, 2012).


Cinéfilo cuando puedo, musico como hobby y si la artrosis me deja videojuego pinta!, gustoso del fulbo.