Falleció Juan Carlos Desanzo, gran director del cine argentino que hizo época

El cine argentino despide con conmoción al gran director, Juan Carlos Desanzo. El cineasta cumplió sus 88 años el pasado 15 de enero. Y hace una semana, asistió a la conferencia de prensa que el Espacio Audiovisual Nacional brindó en las mediaciones del Congreso de la Nación en manifestación por la reforma laboral que plantea la eliminación de los fondos del INCAA.

Fallecido durante la noche de este lunes. Y el 16 de febrero de 2026 no fue un día más, porque también se conmemoraron los 90 años del nacimiento de Fernando “Pino” Solanas, uno de los nombres mayores del cine argentino, a quien Desanzo le debe el haber ingresado en el mundo del cine. Que la fecha de su muerte coincida con la del nacimiento de Pino es una de esas casualidades que se parecen mucho al destino.

La carrera de Desanzo como director comenzó con el final de la dictadura, con el estreno en 1983 del policial El desquite, que contaba con uno de esos elencos que son un clásico del cine argentino de aquella década: Rodolfo Ranni, Julio De Grazia, Silvia Montanari, Héctor Bidonde y un muy joven Ricardo Darín.

Autor de largometrajes ilustres de la filmografía nacional como Eva Perón, el clásico de 1996 donde la personificó Esther Goris junto a Víctor Laplace como el presidente Juan Domingo Perón; Al filo de la ley con Rodolfo Ranni, Gerardo Romano, Katja Alemann y Ulises Dumont; ambos co-guionados con José Pablo Feinmann, logró llevar a la pantalla grande nuevas miradas y desarticular géneros estandarizados, lo que bien llegó a lucirse en El polaquito de sus más conocidas donde adaptó la historia real con Abel Ayala, Marina Glezer y Roly Serrano.

Además sus títulos se extienden en tantos más largometrajes como: El amor y el espanto (2000), centrada en Jorge Luis Borges; La venganza (1999), Hasta la victoria siempre (1997), La búsqueda (1985), En retirada (1984).

«El Polaquito», coescrita y dirigida por Juan Carlos Desanzo (2003)

Desanzo, a quién por entonces apodaban “Papucho”, para ese momento ya contaba con una larga y sólida filmografía como director de fotografía. Para hablar de sus comienzos hay que remontarse a mediados de la década de 1960, cuando con poco más de 20 años ingresó al mundo de la publicidad gracias a Solanas, que por entonces tenía su propia agencia, Swing Producciones, y era uno de los directores publicitarios más exitosos de la Argentina. Llegó por recomendación de otro nombre histórico del cine argentino, Juan José “Buby” Stagnaro, quien, a pesar de tener la misma edad, había sido su mentor y le había enseñado todo sobre la fotografía cinematográfica.

Solanas quería dedicarse de lleno a la producción de su primera película, pero no quería descuidar el negocio publicitario, al que detestaba pero le permitía financiar su proyecto en el cine. Felipe Celesia cuenta bien esa historia en su libro La hora de los hornos. Arqueología de un país que ya no existe (Editorial Paidós). “Desanzo se convirtió rápido, por mérito propio, en asistente fijo de la productora y Solanas le hizo la oferta usual: todo el trabajo publicitario que llegara a Swing a cambio de colaboraciones para su proyecto de largo”.

Así fue que el joven Desanzo acabo convirtiéndose en el director de fotografía de La hora de los hornos (1968), ópera prima de Solanas y Octavio Getino, y también su primer trabajo en cine. Se trata del documental más importante del cine argentino y uno de los mayores exponentes de cine político en la historia, entre otros muchos méritos. Aunque el prejuicio indica que el cine era y es un oficio de chicos burgueses, el origen de Desanzo no podía ser más modesto y así lo narra Celesia en su libro.

“Cuando niño, en los años ‘40, su familia vivía en Palermo, cuando ahí residían los habitantes más humildes de la Ciudad de Buenos Aires. Según cuenta Papucho, eran tan pobres que su madre le hacía pantalones con bolsas de arpillera que juntaba en los silos de la calle Dorrego. El pequeño Juan Carlos detestaba esa prenda porque lo hacía sentir desnudo. Estuvo condenado a los pantalos caseros hasta el día que la Fundación Evita visitó el barrio y la propia Evita, parada en la caja del camión con un delantal sucio, le tiró unos pantalones luego de calcular, a ojo, si era el talle correcto. Desde ese momento Desanzo no pudo ser otra cosa que peronista”.

Esther Goris durante el rodaje de «Eva Perón». 

Su trabajo hizo posible películas de una época consagratoria. Por nombrar algunas, desde La hora de los Hornos (1968), The Players vs. Ángeles Caídos (1969), Un Guapo del 900 (1971), Juan Moreira (1973), Gente en Buenos Aires (1974), la primera ganadora del Premio de la Academia a Mejor Película Internacional La Tregua (1974), Los superagentes no se rompen (1979) y Pubis angelical (1982).

Hasta presenció una de las discusiones más importantes que germinarían otro hito: en el set de «Crónica de una señora», María Luisa Bemberg le cuestionó a Raúl de la Torre el plano elegido para tratar uno de los diálogos centrales de su guión, protagonizado por Graciela Borges. Fue entonces cuando -con Desanzo de testigo- su colega le dijo: si vos tenés tan claro lo que querés, ¿por qué no dirigís vos?. De ahí la primera y la única directora nominada al Oscar con Camila.

La noticia de su fallecimiento fue confirmada por la Asociación General de Directores Autores Cinematográficos y Audiovisuales (de DAC), mediante un comunicado donde afirmaron con certeza que su obra y su fortaleza seguirán acompañando nuestra actividad para siempre.

Su sola mención alcanza para comprender la importancia y variedad de estilos que sus realizadores significan y la trascendencia histórica de estas obras cuyas imágenes, tan diversas como fundamentales, ofrecen en común la pericia cinematográfica de este entrañable amigo y compañero constante de DAC, pródigo en la tarea y firme en la lucha, expresaron en reconocimiento a su labor y trayectoria.

Al tiempo que dedicaron unas sentidas palabras al entorno íntimo del director. Acompañamos y compartimos con nuestro profundo e infinito pesar todo el dolor de su familia, que despedirá sus restos en intima ceremonia, detallaron en apoyo.

Con la muerte de Juan Carlos Desanzo empieza a cerrarse una época. Una era de la que Adolfo Aristarain y Héctor Olivera —quien a sus casi 95 años fue homenajeado hace apenas una semana por el 28° Festival Internacional de Cine de Punta del Este y con quién Desanzo trabajó en Cacique Bandeira (1975)— sean quizá los últimos exponentes. Y si su muerte coincide de forma luminosa con el aniversario del nacimiento de Pino Solanas, también se da en el marco del peor momento de la historia del cine argentino. En ese sentido, la despedida no podía ser peor.

Fuente: Asociación General de Directores Autores Cinematográficos y Audiovisuales, Pagina 12

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